Andrée Rosier, primera mujer en conseguir la ansiada distinción de Mejor Obrero de Francia, se ha instalado junto con su marido Stéphane en la parte alta de Biarritz. Su cocina gastronómica seduce por su sencillez y rigor.
© G. Rouzeau / Via MichelinSímbolo por excelencia del espíritu republicano francés, el concurso de Mejor Obrero de Francia (MFO) fue instituido al poco de acabar la I Guerra Mundial. Su objetivo por aquella época, tan dada a las exposiciones nacionales del trabajo, era “mejorar la formación profesional, forjar el espíritu corporativo y desarrollar el gusto y el apego del obrero y el artesano por su trabajo”. En 2007, Andrée Rosiers se convertía en la primera mujer, muy joven además, en ganar el prestigioso concurso en la categoría “cocina”.
Y es que la cocina es algo que esta hija de agricultores del País Vasco francés empezó a practicar junto a su madre a los doce años. Fue en familia como Andrée fue adquiriendo ese culto y ese cariño por el trabajo bien hecho que le abrieron las puertas de este concurso terriblemente difícil y técnico. Tras pasar por las aulas de un instituto hotelero y obtener un diploma de formación profesional, Andrée pasó por el Louis XV de Alain Ducasse, donde disfrutó acompañando a Franck Cerutti al mercado, y por la Chèvre d’Or de Philippe Labbé (en Eze), donde quedó atrapada por la pasión y la imaginación del chef. Hoy, Andrée se confiesa admiradora de Ferran Adrià, Jean-François Piège (Les Ambassadeurs) y Christophe Bacquié (dos estrellas Michelin por L’Alivu de Calvi).
Pero volvamos a nuestro concurso… El jurado, presidido por Alain Ducasse con el apoyo de Michel Roth, propuso como tercer y último plato (tras un conejo relleno a “la royale” y unos raviolis de crepes a la clementina) una tarta de vieiras frescas a la nantesa. La dificultad, nada desdeñable, residía en lograr combinar una pasta soufflé con un rosetón de vieiras crudas.
Además del apoyo de su marido Stéphane, Andrée Rosier contó con un entrenador de excepción, Jean-Marie Gauthier, chef del hotel de lujo donde nuestra joven cocinera ha estado trabajando hasta este año. Este Mejor Obrero de Francia 1991 supo insuflarle confianza, asesorarla y enseñarle los trucos que como buen zorro curtido en estas lides conoce al dedillo.
© G. Rouzeau / Via MichelinHoy, Andreé ha alzado el vuelo en compañía de su marido Stéphane, antiguo empleado del mismo hotel que ella. Ambos se han instalado en una coqueta casa roja y blanca de la parte alta de Biarritz.
Él se encarga de los entrantes y de los postres, ella de los platos calientes… Todo en una minúscula cocina donde la complicidad conyugal es de rigor.
Entre los dos saben hacer de todo. A Andrée le gusta realizar una cocina sencilla, basada en los ingredientes y realzada con hierbas, sin exceso de mezclas. El pescado llega de la pescadería de Ramona (en Biarritz) y del mercado de San Juan de Luz, mientras que de escoger las verduras se encarga Véronique, propietaria de un puesto en el bonito mercado de Biarritz (leer artículo).
En la casa de los Rosier se respira pasión y precisión y clásicos, como el arroz cremoso con alcachofas, el salmonete relleno de almejas, el atún a medio cocer o el fundente de chocolate, viven una segunda juventud.